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Cinco razones para contarle nuestros análisis a cualquiera (aunque no le interese nada)

Una vez leí en la biografía de un matemático famoso —y ahora no soy capaz de recordar quién era— que, para avanzar en su trabajo, le contaba a su esposa (que no tenía ni idea de matemáticas) lo que había hecho durante el día. Al explicarle sus cálculos, él mismo se daba cuenta de los errores que había cometido o de las debilidades de su planteamiento, al mismo tiempo que sus ideas se iban aclarando a fuerza de tener que traducirlas en palabras.

Mi madre, traductora de profesión, me cuenta que, al igual que este matemático cuyo nombre no recuerdo, el gran traductor José María Valverde, en su libro La literatura: qué era y qué es (Montesinos, 1984) refiere algo parecido con respecto al escritor alemán Heinrich von Kleist:

“Heinrich von Kleist, en un genial fragmento de 1810 —Sobre la gradual puesta a punto del pensar en el habla— dice que, para escribir sobre sus temas predilectos —las matemáticas y el derecho, según él— tenía que explicárselo antes a su hermana, que no sabía una palabra de estas cosas: en cuanto ella le abría la boca para replicarle o pedirle aclaraciones, él la atajaba y seguía hablando, ahora con mayor claridad, sobre lo que antes le parecía oscuro.”

Sin llegar a tales extremos, comunicar nuestros avances a terceras personas, sean esposas, hermanos, hermanas, o vecinos, puede ser un método eficaz para mejorar nuestro propio trabajo, ¿por qué?

1Porque nos obliga a organizar nuestro discurso, y a tener una mayor comprensión acerca del proceso seguido.

2Porque nos obliga a concretar los conceptos, y a matizarlos.

3Porque nos ayuda a fijar lo aprendido.

4Porque nos fuerza a eliminar lo superficial —aquello que nos está aportando nada, pero que por la razón que sea no logramos eliminar.

5Porque nos obliga a aclarar los puntos oscuros de nuestro planteamiento que, más orientados a hacer aquello que sí tenemos claro, tendemos a evitar en las horas productivas, simplemente porque no sabemos cómo abordarlos.

De modo que la próxima vez que os encontréis hablando demasiado acerca de vuestros análisis, ¡no os preocupéis si perdéis un amigo!: podéis haber ganado mucho como estadísticos.

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About the Author

Escrito por

Nací en el año 1980 en Donostia, hija única de una familia entusiasta de las Letras. A pesar de ello a los dieciocho años tomé la rara decisión de estudiar Matemáticas. Obtuve la Licenciatura en 2003, y comencé mi andadura profesional en Tekniker, un centro tecnológico afincado en Eibar dedicado al mundo de la automoción. Desde el inicio me encontré analizando datos estadísticos que nunca se ajustaban a los ejemplos de los libros de texto. Tras un breve paso por la Universidad de Deusto, el destino me llevó a un Banco donde trabajé con modelos de riesgo de crédito (de esos que saben si uno va a pagar incluso antes de que se le ocurra pedir la hipoteca). Debido a la crisis salí catapultada de aquel puesto, circunstancia que aproveché para cuidar plenamente de mi hijo recién nacido, Miguel. A los pocos meses de nacer el segundo, Ion, corrí a incorporarme a un proyecto sobre enlace de encuestas en el Instituto Vasco de Estadística - Eustat. Ahora sigo trabajando con datos que no se ajustan a los libros de texto, pero ya casi no me importa, y soy más feliz pensando que a lo mejor se trata de hacer algo que no está escrito.

3 Comments

  1. ¿Quién quiere un amigo cuando se tiene la estadística? Jejeje. No, está claro que si es tu amigo aguantará como un campeón lo que le tengas que explicar.
    Yo cada día soy más reservado en contar cosas que se me pasan por la cabeza, y creo que se me está secando el seso. No tengo ideas ya para asuntos que no sean de lo mío, que no es de meditar, precisamente.

    Yo creo que se debería hablar de todo con todo el mundo pues como decía Chesterton:
    “No hay cosas sin interés. Tan sólo personas incapaces de interesarse.”

    • Hola Mameluco,

      Me ha encantado la cita de Chesterton, gracias por ponerla, así nos ha quedado un ‘post’ bastante literario. Efectivamente, un amigo de verdad escuchará cualquier cosa que le contemos, incluso si es sobre estadística. A mí me pasa que suelo hacer muchas preguntas a la gente acerca de lo que hacen, y entonces te dicen un poco sorprendidos, ¿de verdad te interesa? Pues sí, así es, aunque parezca sospechoso. Estoy de acuerdo contigo en que se debería hablar de todo; si no, el mundo sería muy aburrido.

      • Yo soy de los que disfruto contando mis nimiedades, ya sabes. Todo lo contrario que tu esposo Gruñoncete jijiji.
        Que ataque más gratuito y a la vez verdadero.
        🙂

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